Escuela laica

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Por una escuela laica

La escuela pública, para que quepamos todos en ella, tiene que ser una escuela laica

La escuela pública debe impartir una moral cívica común a todas las culturas e individuos, capaz de preparar a los ciudadanos y ciudadanas para una sociedad democrática y plural.

La supuesta opcionalidad de la religión obliga a los individuos a hacer públicas sus creencias personales. La presencia de diferentes grupos de adoctrinamiento religioso, al seccionar a la clase, consolida y profundiza las brechas culturales y sociales que se dan entre el grupo de alumnos.

La escuela pública tiene que proporcionar un conocimiento científico.

Existe alarma social sobre el bajo nivel científico, cultural y lingüístico de nuestro país pero, mientras, se dedica tanto o más horario a la religión que a materias instrumentales o ciencias Quien pretenda salvar almas descarriadas, debería intentarlo desde sus templos, con su predicación y su ejemplo. La escuela pública está para otra cosa.

El fenómeno religioso ya está contemplado en muchas asignaturas.

La visión del mundo de la religión clásica, del cristianismo o del Islam ha marcado mucho nuestra cultura. No se puede entender el arte, la historia, la literatura o la ética sin conocer esas corrientes de pensamiento. Por eso mismo, planteamos que el fenómeno religioso debe ser tratado por profesorado de historia, filosofía o literatura, dentro de sus asignaturas, y no por catequistas. Todo ello con el objetivo de que el alumno entienda el universo en que vive, no fomentar su fe.

Las religiones pertenecen a la esfera de lo privado.

Las creencias no son ciencia, no se pueden enseñar ni evaluar, ni deben impartise en horario lectivo.

La catequesis de los diferentes credos no puede disfrazarse como una mera formación en valores: es adoctrinamiento en creencias y códigos morales que, por muy respetables que sean, pueden servir a una serie de individuos para conducirse en su ámbito particular, nunca pretender oficializarse como “verdades” rectoras de toda una sociedad.


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¿Qué hacer con el profesorado de religión?

Pensamos que una personas seleccionadas por las distintas confesiones para difundir su fe nunca deben ser contratados laborales de la Administración, ya que eso vulnera la aconfesionalidad del Estado y crea numerosos problemas laborales.

No obstante, las distintas confesiones podrían solicitar el uso de los centros, en horario extraescolar, para llevar a cabo sus actividades. También, mientras sigan en vigor los tratados internacionales que lo regulen, podrían acceder a las fuentes de financiación estatal establecidad, a la vez que a las subvenciones que conceden los poderes públicos a las entidades sin ánimo de lucro.

Igual que cualquier entidad social que no se oponga a los valores constitucionales.

El profesorado al servicio de las distintas confesiones no debe mantener una relación laboral con la Administración, sino con la empresa que le selecciona y contrata (la iglesia correspondiente). Sus relaciones laborales se ajustarán a lo marcado por el Estatuto de los Trabajadores, negociando con su empresa el Convenio que ambas partes consideren conveniente.


 

Descargar (Ante-la-sentencia-del-Constitucional-que-avala-a-los-obispos-en-la-contratación-y-el-despido-de-personas-que-imparten-Religión-23-02-07.pdf, 180KB)


Descargar (Política-religión-y-sindicalismo-EH-Diciembre-1999.pdf, 135KB)


Descargar (La-estrategia-del-prestidigitador-EH-marzo-99..pdf, 81KB)